La coparticipación es una oportunidad
“No son iguales las cosas buenas
que las malas, aunque la abundancia
de las malas te abrume”
La futura e ineludible nueva ley de coparticipación federal de impuestos nacionales es una oportunidad. La de 1973 ya no sirve. Ahora tenemos la ocasión para remodelar íntegramente a nuestro país, hoy trabado y complicado por un sinfín de anormalidades, incluyendo tumores, aún de los malignos.
Quizás valga enunciar a algunos de nuestros males, la mayoría de ellos inveterados, por no decir ancestrales. Otros, como la plaga de la corrupción mafiosa, más recientes. Se subraya mafiosa, porque siempre existió el latrocinio desde el poder, pero la perversa novedad es que ahora se ha vuelto una banda, asociación ilícita o como quiera denominarse al fenómeno. Antes era todos para uno y uno para todos, pero para hacer el bien. Hoy sigue vigente, pero para practicar el peculado, el cohecho y otros delitos.
Padecemos de instituciones frágiles, desapego por la ley, falta de respeto, desidia sobre nuestro patrimonio común –desde las calles hasta los bienes públicos de mayor envergadura-, inculturas del trabajo, de la tributación y de la exportación, debilidad industrial, centralismo, burocracia, mediocridad política, tendencia a “zafar” en lugar de esforzarse. Los abogados llamamos “a título enunciativo” a un listado incompleto. Esto es lo que es la ristra de males consignados.
Nuestras desgracias, en este tiempo liminar del siglo XXI, se agravan con la falta de trabajo, la indigencia, la pobreza, la desnutrición, la caída de la calidad de la educación, descenso notable y peligrosísimo de los rasgos esenciales de nuestra cultura e identidad nacional y, sin dudas, por el incremento del delito y la inseguridad.
Otra pésima nota argentina es la inconcebible bajísima capacidad de gestión de nuestros dirigentes político-sociales. No sólo políticos, cabe enfatizarlo. O son improvisados o son preparados para servir y gestionar un interés sectorial o personal. Los improvisados son como los patos: un paso, una c….. Quienes estudiaron, se entrenaron para ser funcionales a un interés, la mayoría legítimo, pero perteneciente a un fragmento de la Nación, no a su totalidad. Carecemos redondamente de servidores del bien común. Es decir, están ausentes los Políticos, los de la mayúscula, claro está.
A TALES MALES, TALES REMEDIOS
Si detectamos correctamente los cánceres y enfermedades, nos aprontamos para adoptar los remedios eficaces.
La ley de coparticipación federal tradicionalmente ha sido pensada más con los pies que por buenas cabezas. O, quizás, metió la cola el diablo y así salió la norma. En vez de profundizar sobre modelos deseados de país e incentivos para que las cosas –y sobre todo, la gestión de gobierno- se hagan eficientemente, la ley vigente, modificada por sucesivos acuerdos Nación-Provincia, se limita a repartir en las provincias menos de un 30% los impuestos recaudados, con un criterio que básicamente tiene en cuenta la cantidad de habitantes, salvo para los estados mas grandes. El otro 70 % lo dispone el gobierno nacional para financiar su Administración y para otorgar con suma y alarmante discrecionalidad Aportes del Tesoro a las provincias y/o Municipios y/o entidades de presunto bien público. La arbitrariedad le abre las compuertas a los amigos de la Casa Rosada y se las cierra a los “díscolos” o a los de otro signo partidario.
¿Cuál es la medicina recomendable? Incentivar con un plus de impuestos a las provincias que reduzcan la indigencia y pobreza, el analfabetismo, la impunidad, el empleísmo estatal, el avance de la desertificación y desmontes devastadores y otros flagelos. Y también una distribución adicional para los estados provinciales que aumenten la cantidad de PyMEs, de agroindustrias, de valor agregado a su trabajo, de la recaudación tributaria local, de cloacas y agua corriente, de exportaciones, de integración social, de descentralización provincial –porque la deformación centralista es una perversión que desde Buenos Aires invade a todo el país y desde cada capital provincial ataca a su propio interior-, de limpieza de ciudades, de respeto y urbanismo entre sus habitantes y en lo relativo al patrimonio común. Más fondos para aquellas provincias que tengan una Justicia más rápida y prestigiosa. En suma, que posean mejores dirigentes y óptima gestión. Esto supone que la Provincia promoverá una Escuela de Administración y Dirigencial y organizará una puntillosa y bien elaborada carrera administrativa para sepultar el acomodo y la recomendación, dando lugar sólo al mérito y los antecedentes. Así tendremos, por caso, gobernantes que presientan y anticipen a los hechos, en lugar de ir siempre a su zaga. Porque es oportuno recordar que gobernar es anticiparse.
UN ESBOZO PARA EL REPARTO
La ley debería acordar un 50 % decreciente para el Estado Nacional y un 50 % creciente para las Provincias. Los estímulos dispondrán de un 20%. Las emergencias reales, como una inundación o sequía depredadora, un 10% que, de no emplearse en el año, pasará a engrosar el fondo de incentivos. El 20% restantes se asignará a las obras públicas, pero no cualquiera, al antojo del presidente o del gobernador, sino las previstas en un Plan Nacional de Grandes y Medianas Obras Públicas –las pequeñas son de resorte local. El plan significa eso, un ordenamiento bien pensado, mejor proyectado y óptimamente ejecutado. También podría ser al revés: óptimo el pensarse, bien al proyectarse y mejor al plasmarse.
Es inmaduro que el titular del Ejecutivo Nacional recorra el país, distribuyendo fondos, cual tío pródigo. Los anuncios de ese tipo no deberían existir, si existiera una planificación y una asignación ordenada de los recursos públicos. La Nación debe encargarse de cuidar los suelos, promover una mentalidad productivo-exportadora o ayudar a construir una autopista troncal, para poner tres ejemplos de magnas obras.
La futura ley de coparticipación enfrenta un dilema: o es más de lo mismo o irrumpe en la escena para colaborar en la reforma de nuestra enferma Argentina, es decir que la opción es más marrullerías o alicientes efectivos para que las provincias mejoren su administración. Cualquiera adivina hacia dónde se inclina quien esto escribe.
Por Alberto Asseff*
(*) El autor es Presidente del Partido Nacionalista Constitucional - Unión para la Integración y el Resurgimiento –PNC-UNIR.
Publicado el 26-09-2004
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